Cuarta Estación: Simeón dijo a María: « Éste está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones. » (Lucas 2, 34-35) MEDITACIÓN Madre, ¡oh mi madre! ¡Que fortuna que estés aquí! Sé bien que ver mi sangre te atraviesa el alma. Es por ti que estoy aquí. El Padre veía mi pena de hoy cuando creó tu alma inmaculada. Qué dicha que seas pura, inmaculada desde siempre. Qué fortuna que haya hoy sobre tierra alguien que esté conmigo, alguien que complazca al Padre conmigo. Qué fortuna que haya hoy conmigo alguien que no haya desobedecido nunca al Padre, quien no lo haya negado nunca, abandonado. ¡Oh madre, mi madre María! Mi corazón no te ha dejado nunca, pero ahora que voy a la muerte, todo en mí vuelve hacia ti. Gracias por estar aquí, en esta hora en que los pensamientos más íntimos de cada uno se descubren, en esta hora en que mis discípulos están lejos. Madre, mi hora ha llegado, es la tuya también. Rescato una multitud inmensa. Eres de ellos la Reina, tú que das a luz conmigo. ¡Madre! vigila conmigo. Los muy queridos del Padre no tienen más vino, yo les doy esta vida que me viene de ti. Como me lo has enseñado cuando era pequeño, obedezco, obedezco al Padre, en todo lo que me dice. ORACIÓN Oh Madre,
|